EL LIDERAZGO Y EL COMPLIANCE

Administrar y liderar son cosas diferentes.

En una de mis lecturas favoritas sobre liderazgo (“Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”) me encontré con una reflexión de Stephen R. Covey que decía que “administrar” y “liderar” son dos cosas diferentes.

Decía este autor que “administrar es hacer las cosas bien” y que “liderar es hacer las cosas correctas”. Y añadía que administrar es “buscar la eficiencia en la escalera del éxito”, mientras que liderar es “asegurarse de que la escalera está apoyada en el lugar correcto.”

A lo largo de casi medio siglo asesorando empresas he podido comprobar de qué manera “administrar” y “liderar” conducen a la organización a un lugar o a otro.

He tenido oportunidad de conocer a algunos grandes administradores que han conducido a sus empresas por la escalera del éxito. Estos han generado grandes beneficios. Sin embargo, en el día de hoy observo cómo muchos de estos triunfadores ya no existen o, si lo hacen, es malviviendo, trampeando y alejados de esa élite en la residieron durante un poco de tiempo.

Todos ellos han tenido en común una cosa: tenían conductas poco éticas que aportaban grandes resultados en el corto plazo, al tiempo y gracias a que estas conductas irregulares se incorporaban de manera reiterada a la normalidad de su empresa, entendiendo que así es como se debe comportar toda organización que aspire al éxito. Sin duda, la escalera del éxito estaba colocada sobre la pared equivocada y el recorrido ha sido breve.

Los equipos de trabajo de este tipo de organizaciones acaban por pervertir su conciencia individual mientras solo les queda asumir el papel de víctima con argumentos tales como “sé que no estoy haciendo lo correcto pero estoy haciendo lo que me pide la empresa y no puedo hacer nada al respecto”.

El liderazgo y el compliance.

Este tipo de empresarios tienen una prodigiosa facilidad para atraer a tipos de su mismo perfil (proveedores, clientes, colaboradores y contactos en general) y para alejar a quienes tienen verdadero talento.

La ausencia y el desprecio de una cultura ética basada en principios y valores solo conduce a su degradación y a su autodestrucción. Raramente estas empresas sobreviven más allá de una generación.

De manera muy significativa, resulta que, tras casi medio siglo de asesorar a empresarios, observo que solo han sobrevivido a la generación fundadora aquellos que han comprendido que liderar es construir una cultura corporativa soportada sobre principios y valores correctos que permiten acompañar adecuadamente a todas las decisiones de la empresa y atraer y retener talento para su organización.

¿Y el compliance qué? Pues, sencillamente, son este tipo de empresas las que, desde hace ya tiempo, nos han pedido ayuda para implementar programas de compliance en sus organizaciones.

A menudo me pregunto ¿qué han hecho las empresas de éxito sostenido que no han hecho las otras? Seguramente muchas cosas, pero hay una que las distingue: No habrían podido llegar al lugar en el que están sin seguir el camino de la ética y las buenas prácticas.

¿Y el compliance qué? El compliance es cultura de cumplimiento, de buena praxis y de mejora continua.